al Reino dentro de una agenda interna. Resulta particularmente deplorable que partidos históricos —a pesar de estar curtidos en la gestión gubernamental— hayan podido caer en esta ciénaga donde la sobrepuja irrazonable y populista prevalece sobre el sentido común.

Asimismo, es lamentable que instituciones legislativas y judiciales honorables pequen por iniciativas desafortunadas que alimentan el desacuerdo. Las desviaciones, donde el buen juicio cede su lugar a lo simplista y el análisis objetivo a la acusación, forman parte de una estrategia del miedo dañina para todos.
En quinto lugar, El Reino de Marruecos no acepta ser un fondo de comercio electoral. Tampoco admite ser el chivo expiatorio de ajustes de cuentas políticos.
La vecindad geográfica es un hecho inmutable. Son los responsables políticos quienes, mediante su valentía y clarividencia de miras, la convierten en un activo para el futuro. La ceguera estratégica, por su parte, transformará este capital en una fuente de desconfianza crónica y tensiones recurrentes.
