Las denuncias recogidas últimamente en referencia a la gestión de las ayudas que reciben los refugiados de los campamentos de Tinduf apuntan a una situación especialmente grave. A la precariedad que soportan miles de familias se suman acusaciones de desvío de ayuda humanitaria, falta de transparencia y una estafa piramidal que ha dejado a cientos de refugiados, comerciantes y cooperativas en la miseria. Miles de familias saharauis llevan años malviviendo en los campamentos de Tinduf en condiciones de extrema precariedad, obligadas a sostener un estado fantasma que las utiliza como reclamo para captar ayuda humanitaria que es desviada a otros fines que no tienen nada que ver con el altruismo, desde siempre, se sabe que los dirigentes del frente polisario han utilizado el dinero de la ayuda para financiar sus propios negocios tanto dentro como fuera de Argelia. Pero además del desvío de la ayuda humanitaria, en los últimos años, asistíamos a la aparición de nuevas formas de explotación de los refugiados a través de operaciones financieras fraudulentas y redes de intermediación que, según denuncian las víctimas, habrían aprovechado la vulnerabilidad económica de la población de los campamentos para seguir lucrándose. La historia tiene varias caras, además del consabido desvío tanto de la ayuda alimentaria como de los medicamentos y material sanitario destinado a los refugiados, están apareciendo nuevas formas de explotar a los refugiados, como ocurre en el caso de Infravest for Contracting and Investment , una empresa impulsada por los dirigentes de los campamentos bajo el amparo del gobierno argelino, que habría captado durante años el dinero de residentes de los campamentos y cuyo hundimiento ha provocado una fuerte indignación. Cientos de saharauis han sido estafados y han perdido sus ahorros sin que ningún dirigente del frente polisario asuma sus responsabilidades. Infravest: la gran estafa que ha dejado a cientos de familias en la miseria total El episodio que más ha encendido los ánimos en los últimos años, entre la población refugiada, es sin lugar a dudas la estafa de Infravest for Contracting and Investment, una empresa piramidal que comenzó a operar en los campamentos en el año 2022 bajo la dirección de Sallamou Abba Ali. La compañía habría conseguido hacerse un nombre mediante actividades de mecenazgo cultural y supuestos proyectos de construcción. Esa imagen de solvencia y respetabilidad le habría permitido captar la confianza de numerosos refugiados. Pero Infravest era en realidad una estafa piramidal de tipo Ponzi, en la cual han quedado atrapados los ahorros de miles de familias saharauis. El dinero reclamado por las víctimas, principalmente pequeños comerciantes y cooperativas ajenas a la estructura de poder en los campamentos, se cifra en aproximadamente 886.000 millones de dinares argelinos, unos 6,6 millones de dólares estadounidenses, una cantidad enorme para una población que vive en la precariedad total. El artífice de esta estafa, Sallamou Abba Ali, que ha gozado siempre de la protección y apoyo de los dirigentes del frente polisario, habría abandonado posteriormente los campamentos con todo el dinero y se encontraría en paradero desconocido. En el último mes, las victimas se han manifestado de forma repetida principalmente en los campamentos de Rabuni y Chahid El Hafed, reclamando a los dirigentes del frente polisario justicia y recuperar sus ahorros. Pero el aparato militar que controla con mano dura los campamentos ha abortado las protestas y ningún de los responsables del frente ha ofrecido alguna explicación a las víctimas, todo lo contrario, como ocurre con el desvío de las ayudas, se ha impuesto la ley del silencio. Los campamentos de refugiados: un negocio redondo para el frente polisario El caso Infravest no es un caso aislado, forma parte de un sistema de corrupción y malversación de recursos más amplio, basado principalmente en el desvío de la ayuda internacional que llega a los campamentos. Desde años se viene denunciado el desvío y venta masiva de la ayuda alimentaria, instituciones internacionales como la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) ha elaborado informes muy solventes sobre el desvío de alimentos, medicamentos y material logístico destinado a los refugiados. Los responsables de esta red criminal responsable de este sistema ,que le quita alimentos de primera necesidad y les resta atención sanitaria a los refugiados de los campamentos, son en primera instancia los dirigentes del frente polisario, una organización criminal que no solo se dedica a vender la ayuda sino también a otros negocios ilícitos como la venta de armas y el tráfico de drogas, y en segunda instancia, todas las instituciones internacionales que siguen tolerando estas prácticas fraudulentas por temor a entrar en conflicto con el gobierno de Argelia, principal valedor del frente polisario. Las redes europeas de la corrupción y desvío de la ayuda humanitaria por parte del frente polisario Las denuncias no se limitan solo a los campamentos, también han llegado a Europa, uno de los casos más flagrantes de desvío de fondos afecta a Italia. Allí, varios activistas y voces disidentes saharauis han cuestionado la gestión de la ayuda por parte de Fatima Mahfoud, la representante oficial del Polisario en el país. Las acusaciones se centran en la falta de transparencia en determinados proyectos de asistencia y en el manejo de recursos destinados a iniciativas humanitarias en los campamentos. Los denunciantes sostienen que la representante del frente polisario habría utilizado la situación de vulnerabilidad de los niños saharauis, así como las necesidades acuciantes de asistencia médica de los refugiados para captar recursos económicos cuyo destino final no estaría sometido a los controles suficientes. Se ignora el destino de este dinero y varias plataformas independientes como Mediterranews se han hecho eso de estas denuncias y hasta la fecha ningún dirigente del frente polisario ha dado información o ha aportado documentación que certifique que el dinero captado en Italia fue utilizado para fines humanitarios. Desgraciadamente, la utilización del sufrimiento de los refugiados de los campamentos de Tinduf para captar dinero y luego desviarlo es moneda corriente entre los representantes del frente polisario en los países europeos, muchos representantes de esta organización utilizan estos fondos para vivir a cuerpo de rey y para financiar negocios en los cuales participan también los miembros de la cúpula dirigente de esta organización. Organizaciones humanitarias, así como los activistas de los campamentos llevan años reclamando a la comunidad internacional, a la Unión Europea y a los países donantes una revisión del sistema de distribución de la ayuda a los refugiados saharauis que solo beneficia a la cúpula del frente polisario. Además de reclamar más control exigen que las autoridades argelinas dejen de facilitar el contrabando de la ayuda alimentaria destinada a los refugiados que acaba en los mercados de los países de Sahel, un negocio ilícito que reporta millones de euros al frente polisario. Entre las propuestas emitidas por los activistas pro derechos humanos y libertad de expresión en los campamentos, está la necesidad de establecer un registro riguroso de los beneficiarios de la ayuda y de autorizar auditorías independientes y mecanismos que permitan seguir el rastro de los fondos y de los suministros. También se reclama que las posibles irregularidades sean investigadas por las autoridades competentes y que, si se demuestra la existencia de delitos, los responsables respondan ante la justicia. Los campamentos de refugiados no deben de ser la excepción en el control y el seguimiento de las ayudas humanitarias por parte de los países y entidades donantes, durante muchos años se ha tolerado que el frente polisario administre estas ayudas de forma opaca, el resultado es catastrófico, miles de refugiados siguen malviviendo en condiciones lamentables, lo peor es que no pueden denunciar esta situación y si lo hacen se exponen a la doble represión tanto de los militares del frente polisario como de los militares argelinos que son las verdaderas autoridades que gobiernan los campamentos.

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